Decía J.J. Rousseau que una infancia feliz es la semilla de un hombre bueno. Y este gran pensador no se equivocaba tampoco en esto.

Muy recientes estudios han revelado que las personas que en la madurez se sienten felices también se sintieron aceptadas y queridas en la infancia.

La aceptación incondicional de los hijos por parte de los padres es un factor clave en la seguridad y la autoestima. También influye en la percepción de la felicidad a lo largo de la vida: el 89,7% de los muy felices aseguran que de niños se sintieron aceptados incondicionalmente, frente al 61,1% de los poco felices. Además, el 89,7% de los que se declaran muy felices afirma que siempre han contado con sus padres en cualquier circunstancia. Sólo el 59,9% de los que se consideran poco felices opina lo mismo.

Así que cuida a tus niños y hazles sentirse bien: mañana serán hombres más felices.