aguas termales

Lo último que me faltaba por oír. Ya sabía que mis calzoncillos de toda la vida, esos apretaditos que empecé a comprar porque son los que compraba mi madre (como todo el mundo) producían esterilidad e impotencia; también nos habían contado que el ordenador portátil apoyado sobre nuestras rodillas además de nuestro mejor amigo en tren y avión es una pequeña máquina de freír nuestros espermatozoides. Y ahora nos cuentan también que bañarse en agua caliente reduce la fertilidad del varón.

La culpa de mis últimos desvelos los tiene Paul J. Turek, de la Universidad de California en San Francisco, urólogo que ha hecho un estudio que afirma que darse baños de agua caliente es perjudicial para la fertilidad, aunque, menos mal, los efectos no son permanentes.

Uno empieza a plantearse a ciertas edades cuando no ha tenido descendencia si su maquinaria funciona como es debido, y desde luego la ciencia (¿o son los medios?) no ayudan a no convertirnos en sombras hipocondriacas dignas del diván de Woody Allen.