Apenas unos pocos días más tarde de enterarme de la misteriosa desaparición que tuvo lugar en El Bulli (me refiero a esto, ¿recordáis?), estaba yo haciendo parapente sobre los castillos transilvanos, descansando de mis últimas investigaciones sobre el más reciente escándalo inmobiliario, cuando X, mi contacto en Centropa, me hace llegar un comunicado con carácter de urgencia a través de videollamada (todo esto es mentira, pero valga para mantener el tufillo a bolsilibro de misterio que tiene toda esta historia):

“El gourmet suizo cuya pista se perdió tras cenar en El Bulli fue visto en Ginebra 6 días después de su desaparición.”.

(En realidad es un teletipo de agencia, que a mí me llega enseguida través de los avisos de El País vía SMS; esto sí es cierto…).

La historia parece que tiene visos de continuar, y puede que acabe siendo un nuevo culebrón del verano, al estilo del cura de los 1000 globos, fabulosa historia que medio mundo seguimos casi en tiempo real a través de SMSs, e-mails, feeds, twitters y demás inventos de la 2.0. De verdad, ojalá todas las chorradas veraniegas fueran como éstas, que lo de las medusas y las motos acuáticas asesinas ya no hay por donde cogerlo, leñe…