Me ha llamado la atención un artículo de hace unos días en el Diario Vasco, La moda del corte a navaja, en el que se puede leer al comenzar el escrito:

“Hubo un tiempo en el que cada hombre tenía su maestro peluquero, auténtico manitas de plata que le rasuraba el rostro sin producirle ni una cortada, mostrando con ello un auténtico trabajo de artesanía. Era el amigo fiel, el de las confidencias, al que se consideraba como de casa, pero… ¡ha desaparecido!”

Pero esta cita es a su vez cita de un artículo aparecido hace ya cuarenta y cinco años en el que el redactor se lamantaba, por cierto con un castellano menos aséptico y más bonito que la versión periodística actual, de la decadencia de las barberías ¡ya entonces!

Y acababa el artículo:

“Para más inri no solo se está acabando la cantera de casa sino también la original, la andaluza, «que es de donde proceden la mayoría de los peluqueros de San Sebastián, porque en Andalucía tampoco quedan peluqueros a pesar de su fama de tener deditos delicados».

Conclusión: apoyemos a los barberos y a los peluqueros para evitar que se acorte la vida profesional de los pocos que quedan y que han sido una institución e la ciudad. “

Tenía miedo al autor hace cuarenta y cinco años de que la entonces novedosa maquinilla eléctrica acabara con la profesión de peluquero. El tiempo y la exigencia de moda creciente de los hombres posteriormente le han quitado la razón a sus miedos.

En este mundo lleno de idas y venidas ¿para cuando la vuelta del corte a navaja?